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PACE y Propedéutico: Los programas que buscan disminuir la desigualdad en la educación superior

A 16 años de su implementación, la PSU está en su punto más crítico: tras ser suspendida dos veces por la crisis social, el test fue reprogramado, pero un boicot hizo que 20% de los inscritos no pudiera rendir el examen y tendrán otra oportunidad a fines de enero.

Sumado a esto, se filtró la prueba de Historia y 86 personas están inhabilitadas para rendir la prueba por “vulnerar derechos y deberes de él y la postulante”.

La PSU ha sido blanco de cuestionamientos, principalmente porque sus resultados evidencian brechas socioeconómicas, de género y según el tipo de establecimiento

Pero para atender esta desigualdad existen otras vías de acceso a las universidades, a los institutos profesionales y centros de formación técnica. Entre ellas, el Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo a la Educación Superior (PACE) y los Propedéuticos.

PACE: Inclusión y permanencia

Este programa fue creado en 2014. Prepara a estudiantes de 3° y 4° medio de establecimientos vulnerables y durante el primer año en educación superior, y busca nivelar el rendimiento de quienes no tuvieron buena base en su etapa escolar y realiza un acompañamiento para evitar la deserción

Durante este proceso, quienes se encuentren en el 15% de mejor rendimiento de su establecimiento, o obtuvieron un puntaje ranking de notas igual o superior a 703 puntos a nivel nacional, y que hayan rendido la PSU (sin importar su puntaje), pueden postular a cupos garantizados en carreras de las Instituciones de Educación Superior (IES) en convenio con el programa. 

Según datos del Ministerio de Educación, de la matrícula escolar 2018, casi 84 mil escolares son parte del programa, que corresponden a 572 de colegios de un total de 12 mil en todo Chile. Asimismo, 29 planteles tienen convenio PACE y para postular además se debe realizar el proceso del Sistema Único de Admisión (SUA). 

En la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH) para el periodo 2018, ingresaron 126 alumnos a través del programa PACE, lo que representa un 10% de la matrícula total.

Macarena Orellana Caperochipi, coordinadora de Comunicaciones PACE UCSH, plantea que el programa permite derribar barreras de ingreso. “Cerca del 90% de quienes entran son primera generación en la universidad, también lo hacen estudiantes con diversidad funcional, de género, migrantes, que antes estaban quedando fuera”, dice.

Según Orellana, este tipo de sistema, supone desafíos van más allá del acceso y, “tienen que ver con cómo las instituciones se hacen cargo de la inclusión y de la permanencia de los y las estudiantes”.

Benjamín Méndez, contador público de la UCSH, ingresó por el PACE y hoy es tutor. “Tuve una buena experiencia. Con mi tutor teníamos buena relación, hablábamos de la materia, de las evaluaciones, también aprendí a conocer a diferentes personas”, dice. “Debería ampliarse este programa, es una de las cosas cosas que se pueden hacer para cambiar la sociedad y que sea más equitativa”.

Por otro lado, Felipe Ríos, estudiante de tercer año de pedagogía en castellano en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), formó parte del programa en el liceo Betsabé Hormazábal de Alarcón (Comuna San Miguel). “Tenía clases los sábados, veíamos comprensión lectora y habilidades que permitían el desarrollo de un estudiante de un liceo vulnerable en el ambiente universitario”, recuerda. 

Valora haber sido parte del PACE, pero cree que en la universidad se debería extender a más de un año y mejorar el “acompañamiento en el manejo de estrés y capacitar en métodos de estudio”, ya que “muchos llegan con un nivel inferior al que exige la carrera”. 

Asimismo, reconoce que existe una presión extra para estudiantes con PACE. “Como el programa acompaña liceos vulnerables, hay un prejuicio en que logren entrar estudiantes ‘que no se la pueden’. Yo estuve entre los mejores promedios de mi generación”, añade. 

Sobre el impacto del programa en la UMCE, Ana María Soto, doctora en Educación y académica, dice que beneficia “a estudiantes en lo académico y en lo emocional. Mientras no se resuelva la diferencia social-económica que segrega a nuestra educación, el PACE seguirá siendo una herramienta que apoya a quienes provienen de contextos vulnerables”.

La Universidad de Santiago de Chile (Usach) está a cargo del programa PACE en cerca de 30 establecimientos educacionales de la Región Metropolitana.

Uno de ellos es el Liceo Polivalente 119 de Talagante. Francisco Pacheco director del establecimiento señaló en el libro Voces del PACE que la mirada de este programa “está basada en no jugarse el destino en un número de preguntas que pueden, incluso, resultar azarosas o que pueden medir entrenamiento más que desarrollo de habilidades intelectuales interpersonales, sino que está puesta en el esfuerzo, la dedicación y el aprendizaje obtenido a lo largo de la educación media”.

Propedéutico

Esta es otra modalidad de ingreso impulsada por Instituciones de Educación Superior (IES), cada plantel imparte bachilleratos de Lenguaje y Matemática en sus instalaciones para estudiantes de 4° medio de establecimientos municipales o particulares subvencionados

Este modelo fue impulsado por la Unesco en 2007 y distintas universidades se adscribieron para promover la inclusión social de alumnos y alumnas talentosos, que por diversas razones no ingresaban a la educación superior.

¿Cómo funciona? Quienes estén entre el 5% y el 10% de mejor rendimiento de su establecimiento pueden postular a distintos cupos de carreras, pero cada uno tiene sus requisitos; por ejemplo, algunos exigen 100% de asistencia.

La Usach implementa este programa hace 13 años. Para la admisión 2020, quienes aprueban el Propedéutico son seleccionados para ingresar al Bachillerato en Ciencias y Humanidades con beca de arancel completo.

Lorena López, directora del Programa de Acceso Inclusivo Equidad y Permanencia (Paiep) de la Usach, destaca que este tipo de vías de acceso “refleja la diversidad de trayectorias formativas en la educación superior”. 

“La sociedad ha permitido la desigualdad estructural que vemos reflejada en las pruebas estandarizadas y en los primeros años de universidad. Aspiramos a que este programa sea un aporte en la restitución al derecho a la educación superior, y superar la interpretación de estudiantes son los únicos responsables de sus resultados”, añade López. 

Por Camila Mardones, Rocío C. Gómez y Diego Almazabar.

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